domingo, 7 de junio de 2009

El Cementerio de las emociones

La luna con su halo ilumina lo que no debe ser visto en mí. Muestra lo que no quiero mostrar ¡ni siquiera ver!. Estoy entre: escribir estas palabras gritadas en pleno cementerio desértico, cementerio de emociones (si, este debe ser el cementerio de las emociones fallidas, perdidas, extraviadas), o quizás sólo callar y agonizar.

Camino, escucho el sonido de mis pies al frotarlos con la arena a cada paso... ¿a qué más valdría la pena prestar atención?, al horizonte quizas, de hecho estoy entre mirar el horizonte para después oir el sonido de mis pasos, u oir el sonido de mis pasos para después mirar el horizonte, no hay tantas opciones. Y la sensación nunca descansa.

Doy un giro creyendo que hay alguien alrededor, pero olvidé que en el cementerio de las ideas-emociones sólo estan las agonizantes energías huérfanas, abandonadas por sus creadores. No hay alguien más.

3 comentarios:

  1. En el cementerio de las ideas-emociones huérfanas nacen las mejores y más profundas reflexiones, nacen crudas y lo desnudan todo, pero nacen.

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  2. No hay alguien más que evoque el recuerdo de esos pasos.De esa fricción sonora, trémula e impasible, que no hace más que emular al impasible y trémulo sonido producido por la invisible y sumisa fricción de ideas-emociones muertas. Muertas por la detestable cobardia inhumana-animal existente en este contenedor temporal del alma, producidos a la vez por la sádica basura "cósmica" desechada mil y una vez en este cementerio irracionalmente real y racionalmente patético.
    Basura hecha a la medida del contenedor, por el mismo actor principal de esta comedia. Basura-testigo, o mejor dicho juez ausente, prejuicio presente. He aquí los testigos, he aquí los imprescindibles.

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